No tengo nada que explicar, es sólo que tengo ganas de ser mi propia protagonista y de echar ojeadas tan largas o tan cortas, tan profundas o tan superficiales, reales o inventadas a mi propio transcurrir.Todos los que convergen en mi vida convergerán en este hoyo intergaláctico que será mi espacio de desenmarañe personal. Ya te hallarás, pero cuidado, no te creas todo lo que ves, la demanda latente va mucho más allá de lo explícito, pero si tienes algo que decir para internarte un poco en esta inmensa membrana que protege el interior, fluye, ayuda y no te calles…
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lunes, 19 de mayo de 2008

Cachivaches

La acumulación de cosas es un estorbo: que si los libros comprados desde que aprendimos a leer poniendo de colores las paredes que detrás de ellos olvidan su blancura, que si los anillos de zafiros de la abuela sepultados al fondo de un alhajero porque son muy grandes para nuestros dedos, que si la enciclopedia de arte que atesoramos sólo porque nos encanta mirar sus tomos iguales y parejos pero que no leemos nunca, que si los discos de acetato, herencia del abuelo, que ya ni siquiera podemos escuchar porque el tornamesa hace 20 años que se descompuso, los recuerdos de bautizos, graduaciones, primeras comuniones, quince años y bodas que nos dieron primos, tías, nietos, hermanas, abuelos, sobrinos, amigas, jefes y demás conocidos, que se hayan bañados de millones de minúsculas briznas de polvo en dos de los tres anaqueles de algún librero o en la vitrina, los ceniceros robados de los hoteles de cada vacación en la que fueron creciendo los niños o en que fuimos envejeciendo, los pétalos de la rosa que nos dio un amor entre las páginas de una novela que ya ni recordamos tener, la medalla de primer lugar en la competencia de natación que tenía listón rojo y era dorada y que ahora confundimos con una tapa vieja para tirar a la basura y así sigue la interminable lista de objetos que atiborran nuestros cajones, armarios y repisas, que mueren de tedio ante nuestro olvido y que entorpecen el tránsito por la casa. No sirven para nada, son sólo un desesperado intento por atrapar el tiempo, esos buenos momentos que vamos acumulando en la vida y que no queremos olvidar nunca.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

¿Sabes? Desde que leí este escrito quise escribirte al respecto, sobre todo porque me siento en contexto.

No hace mucho empecé a hacer una limpieza general en casa. Mi deseo era acomodar todas esas cosas que tengo y que cada día crecen y superan los pequeños espacios de mi hogar. La verdad, no pensé que fuera tan demandante, pero sí me dije que esta empresa había sido como abrir una caja de Pandora. Al echar un ojo a todas aquellas cajas empecé a sacar papeles que ya no usaba, copias de la escuela, cuadernos con apuntes de clases y garabatos. También saqué cartas: de amigos y ex novios; libros en cajas a falta de libreros, vi en ellos petalos de flores, separadores que ya había olvidado y papelitos con escritos baladíes. Encontré chacharas: mis primeros walkman, un radio despertador súper destartalado, mis acuarelas, recortes con gatos y paisajes, carritos de juguete y muchas otras cosas más que harían una larga lista. Nada de eso uso ahora, de algunas cosas ni siquiera tenía memoria ya. Y es que, bien dijiste, las conservas en un afán por atrapar el tiempo, por tener el recuerdo y no olvidarlo nunca.
Pero, también encontré cosas que forman parte de un pasado o de una historia que no siempre fue dulce o linda. Encontré pasados de dolor, de tristezas, algunos de amarguras y sinsabores que, sin embargo, también conservé.

¿Será que aún no lo superamos? No todos cerramos los ciclos que abrimos. Nos aferramos a esos recuerdos que nos duelen, pero que nos guardamos por un placer malsano diciendo irresponsablemente: "quién sabe porqué lo sigo guardando"... (aunque en el fondo sí lo sepamos).

En lo particular, creo que todos esos recuerdos, especialmente aquellos que no son tan lindos, son pesados lastres que no nos dejan caminar. Que detienen nuestro crecimiento de alguna manera y que no siempre nos damos cuenta de cuánto nos pesan y nos tropiezan el caminar diario. Vale tirarlos, deshacerse de ellos por siempre pero desde el interior.

"Escombrar la casa" es, en mi opinión, la mejor forma de trocar el recuerdo tortuoso por una vida más ligera, más llevadera. Sacar los cachivaches que duelen y tirarlos para olvidarlos DE VERDAD y que nada quede; no sea que se cuelen por alguna fisura de la memoria. "Escombrar" es limpiar y renovar esos anaqueles en donde antes había polvo, para llenarlos con aquellos recuerdos que sí hacen mucho mejor el caminar por esta vida.

Es bien duro, bastante difícil en algunas ocasiones, pero vale la pena cuando aquellos cachivaches se quedan fuera de la casa para siempre. Sin duda, el tiempo hará el resto.

Telena dijo...

Lau:
Tienes mucha razón, yo también veo así el acto de "escombrar". Te lo dije y te lo repito: eres muy valiente al ahondar en los recuerdos de todo tipo. Tú sabes que la parte más difícil es el clavado hacia el interior en busca de nosotros mismos. Tú, mi querida, eres una de las personas más ricas que conozco y tus orillas rebozan de todo lo que guardas dentro.