Parece que la felicidad se desparrama de los bolsillos de algunos: traen abultadas las bolsas de la chamarra, del pantalón, de la camisa y hasta los portafolios de tanta felicidad.A uno le dan ganas de pedirles un poco, pero seguro que de tenerla de verdad la guardarían en una caja fuerte para cuando les haga falta, no la andarían presumiendo por la calle.
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