Una espiral de leyendas, de sueños, de historias toma forma dentro de mí y aunque tú dices que mi voz es fuerte y yo te crea porque la oigo taladrando mis oídos, mi voluta no encuentra cómo fluir. Yo trato, pero mi pluma se cansa. Tú en cambio llegas con tus tres cuadernos llenitos de palabras que se atropellan para poder salir.¿Qué será, cariño? ¿Será acaso que tenemos talento o sólo estamos explorando una pasión catártica, una necesidad? Porque a ti te veo como un torrente de palabras, de ideas: tienes una fuerza inmensa que empapa de tinta los lienzos a plumazos.
A veces concluyo: a los dos nos sobra talento, pero nos falta trabajo y valor. (Sabes que comparto tu miedo.) Tal vez nos falta la maquinaria apropiada para frenar el ímpetu que por naturaleza lanza la mitad de nuestra energía hacia el espacio abierto y lo estrella en la inutilidad.
¿Será otra afinidad u otro invento? No lo sé, pero de algo tengo certeza: yo me puedo detener, pero tú jamás. Encuentro tu naturaleza tan cierta en esta ocupación que siento que frenarla causaría una muerte de la que no te podrías recuperar. Ya me dirás…
1 comentario:
y sin embargo sospecho que vuesa vocaci�n la impulsa a la construcci�n de imaginarias im�genes de impenetrable certeza tanto como de entra�able solidez.
Alguna vez escuch� que Parm�nides le reclamaba a Carlos Fuentes que este escribiera porque era bueno mientras que aquel (en su necedad adolescente de poeta maldito) sosten�a que la escritura era un acto de necesidad.
De esa manera te contemplamos tan cerca de Parm�nides y tan lejos de S�crates
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