
Desperté con la alarma del celular apuntándome a los tímpanos y salté de la cama con el reflejo de mis días de máxima disciplina. Los veinte minutos anteriores a la iluminación diurna no hice más que lanzar reclamos con mi voz de las seis de la mañana: uno no debe salir de noche, hace frío, hay charcos inmundos por todos lados, tengo hambre.
Luego un chorro helado sobre mi cuerpo, una carrera de tres segundos y por fin, la tibieza del agua. Dos vueltas para calentar, dos ejercicios babosos, dos segundos de paz, de mi cuerpo que flota, de mis piernas que empujan y mis brazos que jalan y de pronto, del otro lado, una bola de fuego incandescente se asomó por la ventana; toda la luz se doró con su reflejo y el agua resplandeció ardiente. Ahí estaba yo, mojada, reluciente, agradeciendo la idea de levantarme a las seis y media de la mañana para ser testigo de mí misma viendo salir el sol desde la orilla del agua.
Luego un chorro helado sobre mi cuerpo, una carrera de tres segundos y por fin, la tibieza del agua. Dos vueltas para calentar, dos ejercicios babosos, dos segundos de paz, de mi cuerpo que flota, de mis piernas que empujan y mis brazos que jalan y de pronto, del otro lado, una bola de fuego incandescente se asomó por la ventana; toda la luz se doró con su reflejo y el agua resplandeció ardiente. Ahí estaba yo, mojada, reluciente, agradeciendo la idea de levantarme a las seis y media de la mañana para ser testigo de mí misma viendo salir el sol desde la orilla del agua.
3 comentarios:
nunca sentí tan solitario el Atlántico, como ahora; ¿será de noche cuando bajen los mosquitos a zumbar? será de noche
Me llena de felicidad compartir contigo el milagro del renacimiento del Sol, del cuerpo, de la voluntad, del gusto por el agua y por la vida...
¡Gracias!
Me encanta tu fuerza en las palabras, recibe un abrazo y gracias por tus deseos, te extrañe en mi cumple, espero verte en la semana para platicar, te buscaré.
Publicar un comentario