Ella y yo compartimos una afición extraña: podemos sentarnos a ver pasar un par de pies que intentan alzar el vuelo y sentimos en la propia piel la magia de su movimiento.
Me gusta charlar con ella cuando la danza nos acaricia, cuando añoramos el pasado de duela y teatro, cuando nos enredamos en los temas del cuerpo, la técnica y el placer de abdominales y estiramientos.
Nunca la vi bailar, pero la imagino trepada en sus zapatos de tacón lleno de clavos en la suela, por los mismos años en los que yo enguantaba mis pies en lona rosada, y sé que aún extraña la sensación de giro en medio de los metros de tela de sus enaguas amplísimas. Lo sé porque yo también echo de menos mis días de danza, pero con ella los revivo, los abrazo.
jueves, 17 de julio de 2008
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2 comentarios:
Es verdaderamente conmovedor el video. Lo perfecto de la interpretación deja pasmado a cualquiera. Esa es la maravilla del ballet, las bellezas que se pueden realizar con el cuerpo.
Ultimamente he presenciado la caída de más de un ave adolescente... cosas de suerte supongo
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