
Aquella tarde estaba bailando: los pies plantados en el suelo tratando de seguir el desplazamiento adecuado, el cuerpo erguido y tirante, la mente al pendiente de los movimientos, los brazos extendidos, las manos empujando el inmenso velo contra las corrientes del aire.
Todo era giro, reboleda, inmensidad del espacio que se opone a quedarse vacío, dulzura de mi cuerpo que intenta llenarlo, todo era belleza, esperanza, alegría.
De pronto, sentí mi mano izquierda entumecida y escuché el chasquido de una palma que choca contra otra. Giré la cara hacia el accidente con una sonrisa en los labios, pero un “aaasssshhhh” apareció como un muro apretado contra la punta de mi nariz.
Ni una palabra, sólo una fantasía, una interjección prolongada que apenas dice y significa tanto: ¡aaasssshhhh!, ¡qué dolor!, ¡qué desesperación!, ¡qué mentira! ¿Cómo te atreves a pegarme, a ser tan torpe y descuidar tu espacio, a entrometerte en el mío, a existir y pararte a mi lado?
La china marcó su territorio: con gran alarde anunció que se haría para adelante porque… y en esos puntos suspensivos que flotaron por el aire del salón puso una mirada extraña, una actitud de reproche, un dejo de desprecio y unas enormes ganas de construir paredes invisibles.
Días después la encontré sentada mirándome: toda su atención se vertía sobre mi cuerpo, mi cabello, mis movimientos plagados de técnica clásica; me odiaba y sin quererlo me engrandecía. A mi alrededor había chorros y chorros de belleza y alegría que nada tenían que ver con mi presencia. Yo era invisible, pero ella dejó de verlo todo para mirarme y en su deseo se olvidó de sí misma. Me convirtió en la cosa más importante de su mundo, de su mirada y me hizo sentir como una artista que se luce sobre el escenario. Hubiera querido girarme hacia ella y hacer una caravana para agradecerle, hubiera querido acercarme y preguntarle a la cara: ¿qué ves en mí que tanto te molesta?
Todo era giro, reboleda, inmensidad del espacio que se opone a quedarse vacío, dulzura de mi cuerpo que intenta llenarlo, todo era belleza, esperanza, alegría.
De pronto, sentí mi mano izquierda entumecida y escuché el chasquido de una palma que choca contra otra. Giré la cara hacia el accidente con una sonrisa en los labios, pero un “aaasssshhhh” apareció como un muro apretado contra la punta de mi nariz.
Ni una palabra, sólo una fantasía, una interjección prolongada que apenas dice y significa tanto: ¡aaasssshhhh!, ¡qué dolor!, ¡qué desesperación!, ¡qué mentira! ¿Cómo te atreves a pegarme, a ser tan torpe y descuidar tu espacio, a entrometerte en el mío, a existir y pararte a mi lado?
La china marcó su territorio: con gran alarde anunció que se haría para adelante porque… y en esos puntos suspensivos que flotaron por el aire del salón puso una mirada extraña, una actitud de reproche, un dejo de desprecio y unas enormes ganas de construir paredes invisibles.
Días después la encontré sentada mirándome: toda su atención se vertía sobre mi cuerpo, mi cabello, mis movimientos plagados de técnica clásica; me odiaba y sin quererlo me engrandecía. A mi alrededor había chorros y chorros de belleza y alegría que nada tenían que ver con mi presencia. Yo era invisible, pero ella dejó de verlo todo para mirarme y en su deseo se olvidó de sí misma. Me convirtió en la cosa más importante de su mundo, de su mirada y me hizo sentir como una artista que se luce sobre el escenario. Hubiera querido girarme hacia ella y hacer una caravana para agradecerle, hubiera querido acercarme y preguntarle a la cara: ¿qué ves en mí que tanto te molesta?
1 comentario:
Recién leo tu entrada y de entre las muchas sensaciones que me deja hay una que es la más importante: alegría.
Creo que el espacio estaba lleno de cosas lindas de las cuales tu formabas parte y fue difícil para aquella chica ignorarlas, al grado de que "sin querer" hubo un encuentro que le hizo reparar, caer en la cuenta, que acaso ella no formaba parte de esas linduras del entorno.
¿Qué se hace cuando uno no brilla con luz propia? ¿Qué se siente cuando uno es alumbrado por la luz de los otros, que se van y dejan en tinieblas? No lo sé, afortunadamente, y sé que tú tampoco, pero creo que aquella chica sí lo sabe y de seguro no es lindo pues su reacción fue de: ¿envidia, rencor, frustración, odio acaso? Incluso podría decir que se trata de una sensación inexplicable para ella misma y que sólo reaccionó por el dolor de no ser luz por sí misma.
Amiga, no te preocupes por nimiedades, por gente que no se ve a sí misma sino a través de los otros. Eres grande, eres buena en lo que haces y eres luz que deslumbra a otros sin poder evitar que a algunos les moleste a los ojos.
Publicar un comentario