Ante todo, inconstancia es una palabra que se me antoja bella; no sé por qué, pero la combinación de sus letras y la pronunciación de sus sonidos me acarician los ojos y el oído. Luego busco su significado para verla del modo más ortodoxo.
Según la RAE es:
1. f. Falta de estabilidad y permanencia de algo.
2. f. Facilidad y ligereza excesivas para mudar de opinión, de pensamiento, de amigos, etc.
Según la RAE es:
1. f. Falta de estabilidad y permanencia de algo.
2. f. Facilidad y ligereza excesivas para mudar de opinión, de pensamiento, de amigos, etc.
Si miramos con detalle esta definición es, en principio, una palabra del género femenino: Inconstancia, suena a una dama elegante con sombrero y velito de tul sobre los ojos, de vestido negro muy ceñido a la cintura y el talle, hermosa, elegante.

Estabilidad me remite a los subibajas del parque donde solía jugar cuando niña con mi primo Oswaldo: va y viene, sube y baja, no se está quieto, pero es estable.
Permanencia me suena a mi gata que a pesar de que me he marchado durante horas de la casa y he dejado la puerta del patio abierta no se va, se queda, como diciéndome que la libertad es un regalo que no toma, que no le interesa y se queda conmigo, y me maúlla cuando estoy de vuelta.
Facilidad me lleva a pensar en la danza de percusiones que después de un año de práctica acabó por salirme como si fuera parte del movimiento natural de mi cuerpo.
Ligereza me jala de nuevo al movimiento, a esa característica de mis pies y de mi cuerpo que algunos llaman virtud, pero que en realidad no es más un rasgo más de mi existencia.
¿Por qué será que una palabra tan bella y llena de atributos duele tanto?
La primera de mis inconstancias fue la escritura: todos decían que lo hacía bien, que les gustaba lo que salía de mis manos. Luego siguió mi negación para entregarme a la técnica del movimiento y alcanzar la plena libertad que siempre anduve buscando: otra inconstancia
En cuanto al amor, no cabe; siempre me adelanto. Amo, no me queda de otra, no se trata de una cualidad, no doy por generosidad ni por cariño, es sólo una característica más que tengo: amo, doy, me entrego.
Inconstancia se llama la mancha que tiñe las horas de soledad que me abrazan cuando necesito compañía, cuando no me atrevo a decir “te necesito” porque sé de antemano que no hay espacio. Inconstancia significa mis dedos hablando mientras mi boca se calla porque no encuentra orejas donde vaciarse. Inconstancia es una justificación vacía que termina por lacerarme sin que pueda evitarlo. La comprendo porque no tengo alternativa, porque la he vivido, pero no quiero abrazarla.
De inconstancia se disfraza el amor que no se decide a amarme y me empuja a emprender la marcha, la amistad que se esconde detrás de un costal de plantadas, de agresiones y me obliga a emprender la marcha.
Me miro ahora y me veo abrazando esa daga que llevo hundida en el pecho sangrante, humeante, furioso; la abrazo como si se tratara de un regalo, de una seda lujosa que me han traído de Oriente y luego me digo “¿por qué me rodea la inconstancia?”, como si no fuera yo la que la elijo y le abro un espacio en cada rincón de mi existencia.
Y todo para compensar el vacío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario