(No te quiero mucho sino... tanto...)
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Sentada frente a mí, habla. Su pelo cae circulando la pendiente hacia su pecho
delante; detrás, hacia su espalda. Come como puede entre todas esas palabras que nublan y llenan de sol momentos de su cara.
Ella dice que es de boca grande, pero ante el tamaño de su corazón es microscópica; a veces cree que es un defecto, otras se hace fuerte a partir de su dolor; yo sólo la encuentro frente a mí, sentada, adivinando lo que guarda su alma y dándole forma en las palabras.
Me regala sus palabras, sus lágrimas, sus risotadas enormes, sus orejas de gato que me siguen la voz cuando le cuento.
Hasta ella, yo no sabía que una mujer podía ser reflejo y retorno y olor a paz que abraza y calma.
Ella dice que es de boca grande, pero ante el tamaño de su corazón es microscópica; a veces cree que es un defecto, otras se hace fuerte a partir de su dolor; yo sólo la encuentro frente a mí, sentada, adivinando lo que guarda su alma y dándole forma en las palabras.
Me regala sus palabras, sus lágrimas, sus risotadas enormes, sus orejas de gato que me siguen la voz cuando le cuento.
Hasta ella, yo no sabía que una mujer podía ser reflejo y retorno y olor a paz que abraza y calma.
1 comentario:
Me dejas sin muchas palabras que decir. Me siento conmovida y muy feliz por que eres parte de mi vida; porque en un momento del camino nuestra amistad se hizo más fuerte.
Gracias es lo que se me ocurre decir, me siento un poco apenada...
Te quiero.
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