No tengo nada que explicar, es sólo que tengo ganas de ser mi propia protagonista y de echar ojeadas tan largas o tan cortas, tan profundas o tan superficiales, reales o inventadas a mi propio transcurrir.Todos los que convergen en mi vida convergerán en este hoyo intergaláctico que será mi espacio de desenmarañe personal. Ya te hallarás, pero cuidado, no te creas todo lo que ves, la demanda latente va mucho más allá de lo explícito, pero si tienes algo que decir para internarte un poco en esta inmensa membrana que protege el interior, fluye, ayuda y no te calles…
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viernes, 17 de abril de 2009

El síntoma


Ocurre y ya. No le pide permiso al cuerpo que lo contiene, tampoco al ser que lo produce ni a la mente. Se proyecta y ya. Se difumina como una más de las actuaciones.
Es y está sin duda y sin lugar para dudar de él. Dependiendo de su naturaleza —invasiva, lacerante, morbosa, dulce, victimizante, amable, cansada, natural, pequeña, grande— aparece como un delito o como una mano que ablanda, pero está. Pica, marca, apuntala, cansa. Ronda la vida, a veces canta. Lucha por ser visto. Defiende la cordura e implanta la locura. Rasga. Es y está y es inasible. Aparece y se convierte en uno más de los rastros. Significa, pero no manda. Querido es, pero odiado. Representa la huella que define, la incomprensible, uno de tantos significantes. Manda, guía, limita, engaña. Es una trampa. Un signo es que invita a la lectura, a la búsqueda de sentido, a la palabra que obtura. Marca. Es el indicador que clama por la verdad sin serlo. Es puerta, entrada. Es el color de la apariencia, de lo que se deja mirar, del cierto anhelo. Brinca como un reptil, nada como la mantarraya. Guardarlo significa perpetuarlo, mirarlo, esperanza.


1 comentario:

Isolda Dosamantes dijo...

Feliz cumpleaños, espero que te la hayas pasado muy requetebien.