Hoy no tiene sentido que abra ninguna puerta, por eso me cuelgo del deber ser, por eso lo abrazo como la tabla de salvación que impide que me caiga en ese abismo de llanto que promete derramar sobre mí todo el enojo. 
Me quedé solita en la noche, pero se mete tanta luz por la ventana: me ciega, me aprieta los tornillos de la locura volviéndome tan cuerda la mente y tan clara la mirada. Por otro lado, no sé nada.

El silencio del ajeno se me queda mirando desde la pared, se alojó justo al lado de mi calendario de gatos, debajo del cajón donde guardo las cosas de oficina, en medio de los anaqueles donde están mis libros de literatura mexicana: no hay escapatoria.
Afuera todo está tan calmo que puedo oír el ventilador de la computadora, el mínimo ronroneo del aire entrando por los milímetros libres que dejan las tiras de vidrio de mi ventana. Es causa del agujero que deja la ausencia de sus palabras.
Adentro hay ruido, no para, no me deja, no lo conmueven los nervios que se hinchan ante el alboroto que causa en mis entrañas. No lo quiero y se queda como un hongo. Lo ahuyento a soplidos, pero nomás se infla.

Me quedé solita en la noche, pero se mete tanta luz por la ventana: me ciega, me aprieta los tornillos de la locura volviéndome tan cuerda la mente y tan clara la mirada. Por otro lado, no sé nada.

El silencio del ajeno se me queda mirando desde la pared, se alojó justo al lado de mi calendario de gatos, debajo del cajón donde guardo las cosas de oficina, en medio de los anaqueles donde están mis libros de literatura mexicana: no hay escapatoria.

Afuera todo está tan calmo que puedo oír el ventilador de la computadora, el mínimo ronroneo del aire entrando por los milímetros libres que dejan las tiras de vidrio de mi ventana. Es causa del agujero que deja la ausencia de sus palabras.
Adentro hay ruido, no para, no me deja, no lo conmueven los nervios que se hinchan ante el alboroto que causa en mis entrañas. No lo quiero y se queda como un hongo. Lo ahuyento a soplidos, pero nomás se infla.
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En medio están todas esas palabras que danzarinas aplastan a mi corazón de tanto zapatear contra él en busca del símbolo que les dé sentido. Deben ser escuchadas, es la demanda de su existencia.
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