Están los libros en sus anaqueles, las hojas llenas de manchas de tinta en forma de palabras archivadas en desorden adentro de fólderes de colores, los juegos de plumas viejas, resecas, olvidadas. Estoy yo con miedo de moverlo todo, de escarbar en cada rincón de mis libreros, mis esquinas, mis recovecos más profundos. Detrás de las cartas y los poemas de amores pasados no queda nada más que la huella del tiempo que penetra más allá de mis globos oculares que también comienzan a arrugarse.lunes, 3 de agosto de 2009
3 de agosto
Están los libros en sus anaqueles, las hojas llenas de manchas de tinta en forma de palabras archivadas en desorden adentro de fólderes de colores, los juegos de plumas viejas, resecas, olvidadas. Estoy yo con miedo de moverlo todo, de escarbar en cada rincón de mis libreros, mis esquinas, mis recovecos más profundos. Detrás de las cartas y los poemas de amores pasados no queda nada más que la huella del tiempo que penetra más allá de mis globos oculares que también comienzan a arrugarse.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 comentarios:
Veo tus libros pero nada me dicen. Será que con el tiempo he venido intentando arrancarme las palabras del aliento y las letras de mi historia. Nada bueno, como tampoco nada grave, supongo. Este fin de semana, para no ir más lejos, he logrado deshacerme de tres de mis recuerdos; una chinga, en verdad. Pero la imagen de tu metódico descuido, el azar que puso tus libros en su sitio y todos los esfuerzos que los mantienen en su lugar me llenan de recuerdos que daría medio brazo y el ojo bueno para no perderlos.
Y como mi visceralidad no conoce límite ni dignidad gratificante ahora, cada que encuentro en una esquina algún camioncito azul con la leyenda "fletes y mudanzas" he comenzado a escupirles.
Y mi querido Suegropa me mando un mail que dice:
"En señal de aceptación y como rasgo de solidaridad, en adelante disfutaré también escupir a los camioncitos azules, pero yo también lo haré aunque no tengan la leyenda de "fletes y mudanzas".
Jorge Herrera
No sabes cómo quisiera haber leído más tus palabras, las dichas y las hechas, en el tiempo que hemos estado juntos. Y cómo quisiera además haber tenido más palabras dichas para ti. De cualquier forma hemos dicho, nos hemos dicho con y sin palabras, así como decimos al mundo y a nosotros mismos lo que somos. A donde quiera que llevemos nuestra existencia, felizmente no nos quedará otra opción más que llevar nuestras palabras con nosotros. Aquellas de los libros que leímos y que dejamos abandonados en el pasado; en una biblioteca, en casa de un amigo de los que olvidan que lo tienen o en cualquier otro lado, incluyendo un librero que no será más testigo de nuestra vida. Aquellas de quienes nos han acompañado por la vida y que se nos han quedado por allí, por elección o por fuerza, pero que han caminado con nosotros y nos han hablado desde su verdad. Y también aquellas de las que hablaba hace rato, que a pesar de mi mala memoria y de que a veces me cueste trabajo recordar textualmente, ésas que me han dejado huellas indelebles en el alma, irán conmigo hasta donde yo me deje de llamar yo.
Yo sólo quiero decir con un gran grito: ¡No quiero que se vayannnn!
No sé escupir, así que aunque quiera no podré hacerlo a los camioncitos de la mudanza, me limitaré a echarles una mirada de rencor...
Publicar un comentario