Hoy caminé de noche y sola; el centro relumbraba brillante de luces bajo la lluvia: el piso era un espejo de agua. Caminé de noche y no tuve miedo; pude acurrucarme en las sombras de esta ciudad chiquita y dulce mientras andaba por sus calles de subibaja. La soledad me abrazó como un regalo envuelto por un lazo plateado y adentro estalló un silencio que se fundió con el rumor de afuera.
Mañana tengo examen de Anatomía del sistema nervioso y mi tarde ha volado entre mis notas, mis esquemas y mi necedad de guardar en mi memoria los nombres y funciones de trece pares de nervios craneales y otro tanto de neurotrasmisores, siempre frente al olor del concreto mojado que entra por la ventana y una taza que me regala el delicioso vaporcillo caliente de un café.

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