Hoy abrí los ojos y todo lo inundo la luz de un sol tibio; imaginé el día tan dulce como prometía la intensidad de su brillo y la dulzura de un cielo que parecía abrazarlo.
Hubiera querido correr para no perderme ni un minuto de aquella mañana que resplandecía, pero no corrí, me quedé a disfrutar esa otra parte que por instante pareció ser más importante: el pelito suave de Lis bajo mi mano que la alcanzaba toda. El placer de hacer un plan y luego completarlo.
No corrí y dejé pasar el tiempo, la tibieza del aire se me escapó, ya no llegué al sol, ya no vi el cielo azul y todo se perdió.
Odio los días que se escapan, los días en que mi corazón se esconde en su rincón
detrás de nubes negras, odio cuando me detengo en el dolor del tiempo lejano que sé que ya no regresará nunca..
Ninguna lágrima traerá la promesa que hallé en el brillo de luz que encontré esta mañana en mi ventana. Sólo me queda su recuerdo en mi memoria que no se resigna. Sólo me queda una resolanita que se ocultará por completo en unas cuantas horas.
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