Hace unos días tuve que fletarme uno de esos discursos tarados e insufribles, ésos tan “buenas” intenciones sobre que la vida es un milagro, que si el aborto y la eutanasia son apuestas por la muerte y hay que apostarle a la vida ¿Milagro?, ¿cuál es el chingado milagro? A mí la vida me parece no más que un accidente igualito a la existencia accidental de un sistema solar donde hay un planeta que, por accidente, fue generando las condiciones necesarias para que de pronto salieran, azarosamente, animalitos por aquí y por allá, plantitas, honguitos y no sé qué más. ¿Cuál es la diferencia entre la hormiga que está pasando por debajo de la puerta de la cocina y yo? Ninguna. La vida de las dos tiene el mismo valor: somos el accidente de mucho tiempo de cambio, caos, cambio, caos… si mi gata la asesina de un lengüetazo no tendrá la menor importancia, lo mismo que si me cruzo en la trayectoria de un meteorito. Pero nosotros, los humanitos, pobrecitos, en nuestro afán de trascendencia le damos una importancia tan grande. Pues sí, si es lo único que tenemos, igual que las piedras, las ballenas, los ajolotes, ah, pero se me olvida que ésos son seres menores, sin derechos, sin “milagro”. Otro chingado uso de dios para justificar nuestros atropellos: si somos sus hijitos consentidos, los hechos a imagen y semejanza, los racionales, conscientes, superiores en la cadena evolutiva, y si no se aparece para partirnos por la mitad por ojetes es porque en su infinito amor nos ha llenado el trasero de libertad; ya llegaremos a su juicio para que nos pida cuentas y nos condene a las feroces llamas del infierno. Qué lindo cuento. Si todo queda de maravilla, todo cuadra, gracias a dios.
Y no quiero ser malentendida, pero que un grupo de cabrones xenofóbicos mate a golpes a un inmigrante porque le da la gana y ante la vista de todos no me sorprende, si eso es lo que somos los seres humanos, unos cabrones; nada más que me molesta la hipocresía y el constante recordatorio de que el dolor humano excita al hombre por sobre todo. ¿Qué somos? ¿Un milagro? Pues que milagro tan pobre, tan jodido. Si no somos capaces de ir por la vida con un poco de congruencia. Si de verdad consideráramos que la vida es un milagro… no somos más que hijos de nuestro universo: creamos, destruirnos, somos asesinos y dadores de existencia, igual que los elementos, pero que duro resulta verlo, enfrentarse a la cruda realidad de vernos en el espejo, y duele, duele tanto.
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