No tengo nada que explicar, es sólo que tengo ganas de ser mi propia protagonista y de echar ojeadas tan largas o tan cortas, tan profundas o tan superficiales, reales o inventadas a mi propio transcurrir.Todos los que convergen en mi vida convergerán en este hoyo intergaláctico que será mi espacio de desenmarañe personal. Ya te hallarás, pero cuidado, no te creas todo lo que ves, la demanda latente va mucho más allá de lo explícito, pero si tienes algo que decir para internarte un poco en esta inmensa membrana que protege el interior, fluye, ayuda y no te calles…
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viernes, 25 de mayo de 2012

Inmovilitis I


Hace casi dos meses que estoy con la rodilla herida. Duele, duele mucho y más allá de los ligamentos deshilachados de la pata de ganso de mi pierna. Ayer estaba sentada en la cama con la pierna medio doblada, cubierta de hielo, punzando y me dolió oír reír a mi niño tan grande y que casi no juega con su madre. Pasé de ser una perinola sobre el pasto, una canica que rueda callea abajo, a ser un peñasco muerto y golpeado por las olas de la inmovilidad.

Ahora temo moverme, temo al dolor que vendrán un rato después de caminar, al contagio que cunde de un lado a otro, a la cojera que ya hice parte de mi modo de andar.

Pareciera que moverme me lastima, bailar, correr, jugar, saltar, todo lo tengo prohibido. A cambio han quedado sólo palabras rimbombantes: artrosis, atrofia, tendinitis, condromalacia… todas duelen, le duelen a mi memoria, a mi paso detenido, a mi deseo de sentir el pasto con la planta de los pies, a la pérdida de estabilidad de mis piernas, de mi rutina, a mis ojos que gruñen ante el estancamiento que me invade.

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