Mañana es mi cumpleaños 37, y lo pienso desde mi escritorio con vista a un árbol de flores rojas que parecen pequeños erizos de mar.
He tenido una buena vida y, mejor aún, la tengo, la tengo y la celebro con alegría y agradecimiento.
Mi día ha significado disfrute, escucha, amor, abrazo, trabajo increiblemente apreciado.
Hice el desayuno con leche cortada: hot cakes. ¡Ups!
Salí disparada a mirarme; fui manejando después de un mes y medio de tener prohibido hacerlo en cuidado de mi esguince de rodilla.
Escuché y fui escuchada, me perdí en mis palabras, en mis emociones y miré a un otro que me miro desde su ser otro.
Volví a casa y batí la sopa de fideo seco porque puse más antención en Anselma que reflexionaba sobre su ser madre.
Comí ensalada bañada de queso parmesano y una copa de vino ajerezado. Mmmmmm.
Alimenté con dulzura la dulzura de mi hijo que agradecía a grititos tiernos las cucharadas de queso que le puse a su sopita.
Miré tocar Sensemaya a una orquesta admirando la concentración de mi chiquito.
Salí a regar el jardín acompañada de Pablo que no paró de saltar de charco en charco.
Intenté descargar un archivo en zip para comenzar mi diagnóstico diferencial de "El caso de Ruth".
Recibí la llamada cariñosa de mi amigo Kesner con toda clase de ideas para ayudarme con las partes que necesito leer del DSM IV.
Luego me di por vencida y me fui a mirar un rato de tele.
Ahora, aquí estoy, mirando al sol esconderse detrás de los árboles, de las nubes, de la otra mitad del mundo. Espero verlo mañana que cumplo 37. Espero seguir mi vida tranquila y maravillosa que consiste sobre todo en mirar a mi hijo. En este momento no puedo pedir mayor fortuna.
Qué suerte estar viva y saber que estoy viva, qué suerte encontrame ahora como soy, como me encuentro...
lunes, 7 de mayo de 2012
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1 comentario:
Lo mejor de los cumpleaños son los regalos. En ocasiones son objetos y en otras ocasiones son personas. Por el momento la distancia se conjuga con las deficiencias haciendo aún más pronunciadas las faltas: no puedo estar ni puedo dar. En cambio usted, con una larga historia de generosidad, me regala en su cumpleaños, a mi, con sus palabras. Comparte felicidades haciendo mullido un rinconcito, cuando menos, de este mundo que no es terrible pero si bastante áspero.
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