A mi Kesner que se proyecta como oasis en mi profundo desierto
Hoy no tengo ojos ni dedos,
no tengo cintura o pensamiento,
no me quedan callos
ni aroma ni recuerdo.
Se me adelgazan las palmas de las manos,
las corvas, los flancos,
no me siento el intelecto ni la grasita anémica
de mis costados.
Hoy soy un ápice de silencio,
un rincón de geranios,
un acento circunflejo que trina,
un abismo encorvado.
Soy cadena sin eslabones,
soledad antigua y cansada,
soy canto y ligamento torcidos,
soy sólo de pedazos
Hoy perece mi sombra en la banqueta,
aparece mi aliento domesticado,
ennegrece mi luz solar y mi enlunamiento,
me derrito de tajo.
Hoy no tengo ni lengua ni alma,
no soy ni hago,
hoy desvanezco de sed
y como ola sin mar alguno
pesadamente divago.
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