Dice el humanismo que hay dos tipos de soledad, una que tiene que ver con la desconexión con lo que soy, con lo que siento. La otra, la falta de relación auténtica con otro.
De la primera no sé casi nada, porque parece que mi misión en la vida es precisamente saberme, olerme, oirme, reconocerme, intuirme...
De la segunda, todo me queda claro: está, parece, avanza, retrocede, cambia, se bifurca, amenaza, se estanca, se diluye, vuelve, devuelve, calla, grita, ataranta, raspa, sangra, abraza...
Encuentro un otro que parece ser de verdad y ABRO LA PUERTA, abro la puerta, abro la puerta...
...de pronto, un acto tan simple huele como un error catastrófico...

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