Para ME con cariño
El cinco de noviembre de 2011 llegué a Puebla. Venía de casi dos años de vivir en Xalapa, de estar medio sola, medio recluida, medio confundida por tanto estar en regresión… Me salvó mi proceso analítico con Isabel. Tuve con ella una transferencia tan fuerte que meses después de dejar el análisis podía acostarme a descansar en el sillón de mi estudio y la sentía tan conmigo, tan a la espera de mis palabras, tan en plena escucha, que lograba hablar y hablar en su presencia que ya se había ido desde hacía tiempo.
A finales de noviembre ya había
decidido lo que seguía: terapia gestalt. Abrí Internet, busqué los datos de
IHPG y marqué el número un día pasadas las siete de la noche.
Me contestó una voz en la que reconocí todo lo que no había
sido en tantos años de esconderme de mí misma, una voz que se plagó de
recuerdos aún desconocidos y de sensaciones intangibles, pero tan reales,
profundas, verdaderas…
Casi dos años después sigo en
presencia de esa voz que cobró cuerpo y existencia unos días después de haberse
manifestado junto con mi intuición y mi reconocimiento de un algo más allá de
mi ser inteligente, centrada, hábil, capaz, formal, puntual, limpia, ordenada,
pulcra, responsable, organizada, seria, estudiosa, buena niña…
Estoy enamorada del espacio que
se abre en su presencia, de su respuesta ininteligible y genuina, real,
indescriptible; de mí, la que soy cuando me abro a ese lugar que no tiene nada
que ver con la silla en la que me
deposito a mí misma para ser lo que soy frente al abismo que me ofrece su
presencia, y luego me atrevo a ser afuera, en la realidad, en la interacción…
Casi dos años después sigo
cuestionándome con gran extrañeza sobre la sensación inmensa que me causó una
voz, y sin respuesta alguna me hallo entregada a ese abismo que surgió con un
timbre, con unas palabras, con un espacio que se abrió sin razones ni ideas,
sin lógica ni expectativas a través de una voz. Sólo sucedió, y la avalancha de novedad y
extrañamiento, por fortuna, no se detiene. Es y no es, existe y desiste de
tomar forma, avanza y es una estatua que no responde y me deja a la simple sombra
luminosa de mi ser yo, con tanta fuerza que no dejo de agradecer a mi entero
ser por aceptar en mis entrañas la sensación infinita y loca que hizo resonar
aquella voz delgada, dulce, amorosa, modesta, contenedora, aplicada,
penduleante, tristísima, sorprendida, incrédula, apasionada que respondió mi
necesidad de ese espacio que su sola presencia abrió para mí y que me regala
cada lunes por la mañana y para siempre un pedacito de su irrepetible ser…

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