Estoy sentada en las alas del silencio.
Por las yemas de los dedos me caminan hormigas
interminables.
Nada sucede más que esta cicatriz de araños viejos.
Me doblo hacia adelante para alcanzar la maraña de
sinsentidos que me circundan.
Mi mano sólo alcanza la dulzura del ritmo de la tarde.
Acá permanezco intentando, tratando, inmóvil.
1 comentario:
Cuando leo tu silencio me quedo sin palabras, las mías.
Pero me quedo con palabras, las tuyas.
Ojalá que con tus palabras en mí pueda acompañarte un poco.
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